Ayer soñé contigo, usabas aquella blusa negra que te hacía ver tan guapa, tus lentes de pasta, los jeans que te encantaban y el par de tenis blancos que se habían vuelto grises por tanta suciedad. Te veías bien, aunque algo incómoda con mi presencia. Yo estaba en tu mesa, había sido invitado a cenar o a comer, no recuerdo haber visto el reloj. No recuerdo tampoco qué comimos, ni siquiera la plática familiar que tuvimos, solamente recuerdo el libro que me diste. Era un libro que al ser abierto, el contenido se volvía ilegible, solamente recuerdo que tenía fotografías de algunas situaciones que habíamos compartido, no era un álbum de fotos, pues las fotografías venían impresas sobre el papel como si alguien hubiera escrito sobre nosotros, como si realmente nuestra historia fuera tan importante como para que debiera ser leída por otros.Yo estaba molesto, ver estas fotografías en papel y ver tus ojos llenos de angustia y nostalgia, al mismo tiempo que el ritmo de tu respiración representaba desprendimiento definitivo, los suspiros largos y la mirada perdida en las mismas imágenes que yo veía. En ese momento no entendí porque te fuiste si te había dolido tanto.
Salí molesto de tu casa, no sé realmente por qué. Tu hermano, tu madre y tu hermana no me decían nada, solamente me veían con condescendencia, "¡qué ardan!", yo pensé. No entendía esta lástima que todos ellos sentían por mi, ni la nostalgia en tu rostro, ni la ira en mi pecho. Bajé hasta el último escalón de la escalinata que lleva a tu casa, me senté a ver mis manos, a preguntarme qué habías hecho y qué había hecho yo, ¿por qué cargaba un libro con nuestra historia, nuestro viaje, nuestras películas, nuestros platillos que cocinamos juntos?
Entonces alguien se acercó a mi, era un amigo (no puedo recordar quién), y me ha dicho que nunca más debería regresar a ese sitio, que enterrara ese libro entre tierra y cemento, que dejara la ira en ese último escalón de la escalinata que lleva a tu casa.
Entonces desperté.
Seguías sin estar ahí, seguía la misma historia que nos separó, solamente que algo había dejado en el sueño, sobre ese escalón de la escalinata que lleva a tu casa. Eras tú enterrada entre tierra y cemento, era un viaje, recetas de platillos que cocinamos juntos y aquellas películas con las que reímos juntos. Esa ira se había quedado detrás de tu reja roja, donde pertenece.
Entonces sonreí.
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