jueves, 16 de enero de 2014

La premonición

Estoy parado en esta terminal en la que aún no estoy. Viendo hangares, viendo rostros blancos, irreconocibles. Estoy parado y me veo desde lejos, viento hacia el frente. Un maletín, un traje desgastado, impaciente, cerrando los ojos y moviendo los labios sin pronunciar palabra alguna.

En esta puerta en la que llegan esos grandes aviones provenientes de tierras que desconozco, un sitio que se crea con impersonalidades, con falta de estancia, con fluidez obligada, despidos y bienvenidas.

Estoy aquí parado, me veo desde lejos, no me he peinado, mi traje está arrugado y ligeramente sucio. Parece que doy pequeños saltos, me muevo de lado a lado, impaciente.

Esta historia es la espera.

Estoy girando en círculos, ansioso de encontrarme con un sueño, con un sueño dentro del sueño, dentro de la terminal en la que aún no estoy, viendo futuros que no existen, proyectando realidades falsas, preguntándome si el día en que el futuro nos alcance, será así.

Sigo parado y hay tantas corrientes de personas, flujo interminable de entes sin rostro.

Te veo.

El sueño se derrite, me vuelvo plasma, me fundo con los colores de una impresión disipada por nuestra piel. Me entrego al destino de tu fantasma. Sé que te espero y que te seguiré esperando más tiempo, pero ya te siento.

Vuelves a existir en mi y ahí vas a estar.


Despierto y la luz no es tan cálida, configuro los esquemas de mis sueños para saberte premonición y futuro. Es todo silencio y espera. Todo es un puto momento.

Todo para mi es esta terminal y me pregunto, ¿estarás allí?



jueves, 2 de enero de 2014

Sobre el verdadero amor

Hace unas semanas, mientras dormía, sentí mucho calor sobre mi cuerpo, sudaba y tiraba lágrimas sobre la almohada. Finalmente abrí los ojos y la vi, flotar sobre mi con su vestido negro, con su rostro blanco, blanquísimo, y unas cuencas donde no se asomaba más que oscuridad.

De inmediato le pregunté qué era lo que le hacía estar aquí de nuevo, ella sonrió y sin abrir la boca pude escuchar sus palabras en mi cabeza, diciéndome que yo sabía porque había regresado. Puto miedo, la soledad había vuelto y yo sabía por qué, aunque nada perdía haciéndome el tonto al preguntarle.

Ella me dijo que no entendía mi sorpresa si desde mi nacimiento ha estado presente, la soledad me dijo que solamente había vuelto a casa.

Sin saber realmente a qué se refería volví a cerrar los ojos. La cama se movió tan fuerte que estuve a punto de caer al piso. Reaccioné inmediatamente, me paré y corrí a la puerta de mi habitación, la puerta cerró de golpe y puse mi espalda contra ella, volteé a mi alrededor y sin entender qué pasaba grité: -¡No me llevarás de nuevo, lo que existe aquí es lo único que tengo y tengo poco, así que lárgate hija de puta, y no vuelvas más!-

Los diez minutos siguientes escuché carcajadas, salían de los cajones, por debajo de la cama, entre los zapatos, entraban por las ventanas. Carcajadas tan fuertes que me hicieron sentir derrotado, sabía lo que se avecinaba, sabía que no podía esconderme de ella.

Salí corriendo de casa, corrí hasta que mis pulmones pretendían colapsarse, me detuve, creo que eran alrededor de las cuatro de la madrugada. Apoyé mi espalda sobre un árbol y me dejé caer al suelo, estaba en un parque, llorando, temblando, muriendo de miedo.

Escuche crujir las ramas del árbol y cuando miré hacia arriba la vi, estaba sentada sobre este árbol, sonriendo, pidiéndome perdón.

Bajó y sin decir nada más, me abrazó y me dijo que yo sabía que era necesario su regreso, que solamente ella podía amarme con locura. Abracé a mi soledad a un lado de aquél árbol, le dije que era cierto, que solamente entre nosotros podía existir el verdadero amor.

Sobre la desesperación.

La desesperación como camino, la desesperación como condición y condena. La desesperación es una puta de mil cabezas, es ponerse de frente y de rodillas ante un bosque muerto, es acercarse con los ojos vendados a la orilla, es como bañarse en gasolina y jugar con fuego.

La desesperación coexiste con la desesperanza y juegan como amantes, es tener navajas por dedos e intentar pintar un retrato, es dormir sobre la nada.

Es volver a armar los corazones rotos, es tirarse al vacío y recitar un poema en la caída.

Es la prisa por ser eterno.

El infeliz con mayor suerte



Si los besos fueran diamantes, yo encontré el más valioso sin buscarlo.

Maravilloso destino repleto de desconocidos, de conversaciones superficiales y algunas otras bastante aburridas, cerveza insípida y la peor elección de música, es lo que hoy suena un paraíso prometido solamente por unos días, gloriosa fortuna ser el pie que hace tropezar al azar.

Me encuentro a este par de chicas, extranjeras, joviales, disfrutando unas lindas vacaciones en mi país, mientras que yo internamente ardo de nostalgia, reflexiones abrumadoras y existencialismo estúpido, inducido por los últimos libros que había leído.

Al no tener absolutamente nada que perder, me acerco y de ahí en adelante todo pasó deprisa.

¿Qué sujeto tan infeliz va a un bar solo sin razón alguna?

El infeliz con mayor suerte.