Hace unas semanas, mientras dormía, sentí mucho calor sobre mi cuerpo, sudaba y tiraba lágrimas sobre la almohada. Finalmente abrí los ojos y la vi, flotar sobre mi con su vestido negro, con su rostro blanco, blanquísimo, y unas cuencas donde no se asomaba más que oscuridad.
De inmediato le pregunté qué era lo que le hacía estar aquí de nuevo, ella sonrió y sin abrir la boca pude escuchar sus palabras en mi cabeza, diciéndome que yo sabía porque había regresado. Puto miedo, la soledad había vuelto y yo sabía por qué, aunque nada perdía haciéndome el tonto al preguntarle.
Ella me dijo que no entendía mi sorpresa si desde mi nacimiento ha estado presente, la soledad me dijo que solamente había vuelto a casa.
Sin saber realmente a qué se refería volví a cerrar los ojos. La cama se movió tan fuerte que estuve a punto de caer al piso. Reaccioné inmediatamente, me paré y corrí a la puerta de mi habitación, la puerta cerró de golpe y puse mi espalda contra ella, volteé a mi alrededor y sin entender qué pasaba grité: -¡No me llevarás de nuevo, lo que existe aquí es lo único que tengo y tengo poco, así que lárgate hija de puta, y no vuelvas más!-
Los diez minutos siguientes escuché carcajadas, salían de los cajones, por debajo de la cama, entre los zapatos, entraban por las ventanas. Carcajadas tan fuertes que me hicieron sentir derrotado, sabía lo que se avecinaba, sabía que no podía esconderme de ella.
Salí corriendo de casa, corrí hasta que mis pulmones pretendían colapsarse, me detuve, creo que eran alrededor de las cuatro de la madrugada. Apoyé mi espalda sobre un árbol y me dejé caer al suelo, estaba en un parque, llorando, temblando, muriendo de miedo.
Escuche crujir las ramas del árbol y cuando miré hacia arriba la vi, estaba sentada sobre este árbol, sonriendo, pidiéndome perdón.
Bajó y sin decir nada más, me abrazó y me dijo que yo sabía que era necesario su regreso, que solamente ella podía amarme con locura. Abracé a mi soledad a un lado de aquél árbol, le dije que era cierto, que solamente entre nosotros podía existir el verdadero amor.
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